sábado, 9 de enero de 2010


Comentario exposicion de Alfonso Masó GARBAGE’S GARDEN


“He sembrado en tu cuerpo, amada, la flor

que esparcirá pétalos sobre tu cuello mejillas y manos

y hará brotar mañana tus senos-primavera

Me gustan las cejas y tus ojos con destellos de metales

y los brazos que ondulan como las serpientes, las olas, el mar…”

Tristan Tzara


Arañas tejiendo la dura roca con hilos de fina seda; quebrada se estremece la piedra que nos desvela su cara oculta. Rarezas profundas aliviadas golpe a golpe palpitan desde lo más profundo; allá, ahí abajo… debajo de toda esa densa y confusa cortina de humo, se nos desvela la verdadera esencia, el despertar de lo más extraño y bello; allá, ahí, detrás… detrás de esas oscuras sombras que impiden el paso de la luz. Ahí mismo, en lo más recóndito. Debemos de adentrarnos sin miedo, sin impedirnos el paso, buscando dentro del saco roto de nuestro ser.

Palpables superficies que nos transportan a un mundo que ya conocemos, en donde ya estuvimos en una ocasión. Justo ahí es donde reside la fuerza de las poéticas formas que se nos presentan ante nuestros ojos; ahogan los recuerdos más cercanos y hace flotar a los que el tiempo ha ido dejando en la habitación de los trastos viejos, junto a las cajas de zapatos y los juguetes polvorientos.

Con cada mirada ausente que perpetramos sobre dichas formas, lo extraño se hace común y lo común extraño; tiramos de esa tela opaca que lo cubre todo y nos dejamos iluminar por lo que debajo de ella encontramos. Más allá de lo puramente sensible descubrimos el verdadero significado de lo que ante nosotros se muestra, un significado que aparece inscrito dentro de uno mismo. Las sensaciones más puras se abren paso y nos distancian de la realidad aparente; nos adentramos por recovecos sinuosos que surcan la superficie sensitiva de las formas. La luz acaricia con calidez y aparece como parte fundamental del acto conviviendo con las sombras, mientras el aire participa y contempla inmóvil, a partes iguales, convirtiendo el momento en algo mágico, ausente de gravedad.

La distancia entre el mundo real y el de los espejos se hace inapreciable, los dos mundos se funden hasta el punto en el que no son distinguibles. Los reflejos toman parte en el mundo real y el mundo real se sumerge en el de los reflejos. Interactúan entre ellos y crean nuevas formas tanto dentro como fuera de la realidad sensible. Reflejos, recuerdos archivados que vuelven a la vida, atraviesan las puertas del mundo de los espejos para volver a ser tomados en cuenta.

Historias naturales que salen a flote, momentos adecuados en tiempos inadecuados, momentos posibles, en tiempos imposibles… Ausentarse debidamente y contemplarse desde dentro; dejarlo todo a un lado y responder a las preguntas. El mundo cambia a nuestro alrededor ya nada de todo este engranaje mecánico parece tener sentido. La piedra parece agua, el aire tierra… Todo ante nuestros ojos parece cobrar nuevos significados, el tiempo se ha detenido y no tenemos intención de volver a hacerlo andar… no hasta al menos un buen rato. Aparentemente nada puede hacernos salir de nuestro trance auto-inducido, nada puede abstraernos de este mundo propio. Es nuestro momento y no lo podemos dejar escapar así como así… no hasta al menos un buen rato. A nadie le importará si tardamos más o menos en salir de él…disfrutémoslo. Volvemos a estar en armonía con nuestro ser… ha vuelto la calma.

De nuevo en el principio de todo, justo ahí, donde todo comienza…

No hay comentarios:

Publicar un comentario